Diez años después de la entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, delegados de 188 países evaluarán este mes en Argentina el cumplimiento de los compromisos asumidos para reducir la emisión de gases invernadero, y discutirán proyectos de adaptación al recalentamiento del planeta.
El Protocolo de Kyoto y la revolución industrial Por Klaus Töepfer, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
Cuando los historiadores revean el proceso de transformación industrial de principios del siglo XXI, la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto se presentará como un momento definitorio. Los escépticos argumentan que el Protocolo impone caros e innecesarios compromisos y que impedirá el progreso económico. Nada podría estar más alejado de la realidad. De hecho, el Protocolo reforzará las tendencias económicas e industriales existentes.
Si se nos pidiera describir el mundo a mediados del siglo XXI, ¿quién imaginaría fábricas despidiendo agentes contaminantes? ¿Quién supondría la imagen de un auto que usara una excesiva cantidad de combustible? ¿Quién describiría economías basadas en la sobreexplotación de recursos naturales no renovables?
El escenario más probable es un mundo donde la competencia y el progreso tecnológico hayan mejorado de manera espectacular la eficiencia industrial y promovido la producción más limpia y la reducción al mínimo de los desperdicios. El Protocolo acelerará la llegada de esta economía mundial por medio del envío de una señal temprana a los productores y a los consumidores, haciéndoles saber que el freno a las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero será recompensado financieramente.
El Protocolo no irá contra la corriente, sino que abrirá una puerta. Pero ante todo, los formuladores de políticas de hoy deben honestamente confrontar el conflicto entre el corto plazo, las preocupaciones defensivas de ciertos sectores económicos y los más amplios intereses económicos y medioambientales de la sociedad en su conjunto.
Es cierto, habrá perdedores en el mercado, en la misma medida en que habrá ganadores. Pero, para la humanidad en su conjunto, beneficios económicos y tecnológicos enormes estarán a nuestro alcance. Este panorama optimista se apoya en la vasta bibliografía sobre tecnología y economía evaluada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el que es patrocinado en forma conjunta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Investigadores de primera línea confirman que las políticas gubernamentales bien diseñadas, orientadas hacia el mercado, pueden reducir las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos. Estos beneficios incluyen sistemas energéticos más efectivos con respecto a sus costos, mayor innovación tecnológica, menores gastos en subsidios inapropiados y mercados más eficientes. El corte de las emisiones disminuirá también los daños generados por estos costosos problemas, como los efectos de la contaminación ambiental sobre la salud.
La participación constructiva de las empresas en el alcance de los objetivos fijados por el Protocolo de Kyoto para las emisiones será vital. Algunas de las primeras empresas en responder positivamente al desafío del cambio climático han sido las aseguradoras, que son vulnerables a los impactos provocados por el cambio climático, y los productores de energía limpia, quienes ven oportunidades claras en el mercado.
Pero virtualmente todos los sectores empresariales tienen su parte en la participación activa. Afortunadamente, muchas empresas han sido previsoras y están anticipando la necesidad de reducir emisiones, estableciendo sus propias metas de amplitud de las emisiones al invertir en productos, servicios y procesos productivos que no dañan el medio ambiente.
Mientras tanto, muchos gobiernos locales han adoptado sus propias políticas de cambio climático, a menudo con ambiciones aún mayores que las de sus gobiernos nacionales. Las autoridades locales de las ciudades tienen una importancia crítica, dado su papel en el manejo de las empresas de energía, transporte público y otras actividades productoras de emisiones en el sector público. Otros componentes de la sociedad civil, incluyendo las escuelas, grupos comunitarios, los medios de comunicación, las familias y los consumidores, también desempeñan un papel crucial.
Por medio de la persuasión moral, la educación, el cambio de hábitos y las compras e inversiones racionales, los individuos pueden crear una diferencia real. La actividad cotidiana de la gente, donde quiera que sea, emite gases que provocan el efecto invernadero en su vida cotidiana, y el efecto acumulativo de pequeños cambios en sus decisiones puede ser enorme.
El compromiso activo de vastos segmentos de la sociedad en la promoción de las metas del PK acelerará significativamente la transición hacia sociedades más eficientes energéticamente, tecnológicamente innovadoras y con un medio ambiente sostenible. Las economías industriales ya han enfrentado tales desafíos, desde el desorden financiero y la globalización de los mercados hasta las revoluciones tecnológicas y aun las secuelas de la guerra; cada vez, se adaptaron y prosperaron. No hay razón para que estas sociedades innovadoras y dinámicas no puedan enfrentar con valentía el desafío del cambio climático del mismo modo.
EL CAMBIO CLIMATICO GLOBAL
El cambio climático ha sido una realidad a lo
largo de toda la historia de nuestro planeta,
pero hasta ahora nunca había alcanzado un
ritmo como el actual, ni había sido
consecuencia de interferencias humanas.
Estamos ante un problema muy complejo que,
si no se aborda, puede repercutir negativamente
en todas las esferas de la vida. No obstante, los
intercambios entre el clima y las emisiones de
gases de efecto invernadero producidas por el
hombre no ocupan el primer plano de la
atención mundial. No es de extrañar, ya que para abordar el tema del
cambio climático hay que plantearse delicados problemas y conceptos
científicos, políticos y económicos. Pero la manifestación de este
fenómeno en episodios climáticos extremos, como las inundaciones y las
sequías, ha creado la necesidad urgente de comprender y abordar el
problema. El cambio climático y sus devastadores efectos necesitan, por
lo tanto, atención constante y urgente, debidamente respaldada por una
concepción amplia de lo que implican los mecanismos necesarios para
ello, una firme voluntad política y los avances de la ciencia.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
entró en vigor en 1994. El Protocolo de Kyoto, en el que se establecen
compromisos vinculantes más específicos, en 1997. La Convención goza
de adhesión casi universal —clara prueba de la voluntad política
demostrada por los gobiernos de todo el mundo de hacer frente al
problema del cambio climático. La Convención se está aplicando
mediante un proceso intergubernamental, en otras palabras, es una
plataforma sobre la cual los países pueden aunar sus fuerzas para
estabilizar el clima mundial. La entrada en vigor del Protocolo de Kyoto
podría producirse en cualquier momento.
En los diez años transcurridos desde la entrada en vigor de la
Convención se han mantenido negociaciones, en particular acerca del
Protocolo de Kyoto, en distintos lugares de todo el mundo, desde Buenos
Aires hasta Marrakech. El acervo de normas necesario para hacer
realidad las disposiciones de la Convención y el Protocolo está ya
prácticamente ultimado, y ahora la atención se centrará cada vez más en
su aplicación, sin olvidar las necesidades futuras.
Con la presente guía se intenta ofrecer un panorama de la evolución de
la Convención y el Protocolo en lenguaje sencillo. Se presenta también
una visión general sobre los compromisos que han asumido los países.
Sólo con el apoyo de la comunidad mundial podemos traducir estos
acuerdos en acciones concretas, de alcance internacional, nacional y
local, con el fin de evitar y contrarrestar eficazmente los efectos
resultantes de un clima mundial desestabilizado.
Joke Waller-Hunter
Secretaria Ejecutiva, CMNUCC
Bonn, abril de 2004.
Introducción
El clima mundial ha evolucionado siempre de forma natural. Los
científicos creen, no obstante, que ahora estamos asistiendo a un
nuevo tipo de cambio climático. Sus efectos en la población y en
los ecosistemas van a ser drásticos. Los niveles de dióxido de
carbono y de otros "gases de efecto invernadero" en la atmósfera
han subido vertiginosamente desde la revolución industrial. Las
concentraciones han aumentado sobre todo por la utilización de
combustibles fósiles, la deforestación y otras actividades
humanas, impulsadas por el crecimiento económico y
demográfico. Los gases de efecto invernadero, como una manta
que envolviera todo el planeta, impiden que la energía escape de
la superficie y la atmósfera terrestres (véase la página de al lado).
Si los niveles ascienden demasiado, un calentamiento excesivo
puede trastornar las pautas naturales del clima.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio
Climático (IPCC) confirmó, en su tercer informe de evaluación,
que "existen pruebas nuevas y más convincentes de que la mayor
parte del calentamiento observado durante los últimos 50 años se
puede atribuir a actividades humanas". Aunque las incertidumbres
que rodean a la proyección de las tendencias futuras crean
amplios márgenes de error en las estimaciones, el IPCC preveía un
aumento de 1,4 a 5,8°C en las temperaturas superficiales medias
de nuestro planeta durante los próximos 100 años. Los efectos del
calentamiento, incluso en los extremos inferiores de esa banda,
serán probablemente dramáticos (véase cuadro infra). Las
repercusiones en los seres humanos serán inevitables y —en
algunos lugares— extremas.
La población de algunas zonas puede verse beneficiada con el
cambio climático. Pero son muchos más los casos en que se verá
afectada negativamente. Los países en desarrollo sufrirán más que
los otros, ya que su falta de recursos los hace especialmente
vulnerables a la adversidad o a las emergencias de escala
Efecto Invernadero
Principales Gases de efecto invernadero
La Convención hace referencia a todos los gases de efecto
invernadero no incluidos en el Protocolo de Montreal de 1987 de
la Convención de las Naciones Unidas para la Protección de la
Capa de Ozono. No obstante, en el Protocolo de Kyoto se hace
hincapié en los seis siguientes:
• Dióxido de carbono (CO2)
• Metano (CH4)
• Óxido nitroso (N2O)
• Hidrofluorocarbonos (HFC)
• Perfluorocarbonos (PFC)
• Hexafluoruro de azufre (SF6)
Se estima que los tres primeros explican el 50, el 18 y el 6 por
ciento, respectivamente, del efecto global de calentamiento
mundial derivado de actividades humanas. Los HFC y PFC se
utilizan como productos sustitutivos de las sustancias que agotan
la capa de ozono, como los clorofluorocarbonos (CFC), que se
están eliminando gradualmente en virtud del Protocolo de
Montreal.
Antecedentes
Los Comienzos
Las primeras pruebas de injerencia humana en el clima se
presentaron en 1979 en la primera onferencia Mundial sobre el
Clima. Durante el decenio de 1980 la preocupación pública por
las cuestiones ambientales fue en aumento, y los gobiernos
tomaron cada vez más conciencia de los problemas del medio
ambiente. En 1988, la Asamblea General de las Naciones Unidas
aprobó la resolución 43/53, propuesta por el Gobierno de Malta,
en la que se pedía "la protección del clima para las generaciones
actuales y futuras de la humanidad".
Durante el mismo año, los órganos rectores de la Organización
Meteorológica Mundial (OMM) y del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) crearon un nuevo
organismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el
Cambio Climático (IPCC), para orientar y evaluar la información
científica sobre este tema. En 1990, el IPCC publicó su primer
informe de evaluación, en el que se confirmaba que la amenaza
del cambio climático era real. En la segunda Conferencia Mundial
sobre el Clima celebrada en Ginebra más tarde ese mismo año se
pidió la creación de un tratado mundial. La Asamblea General
respondió aprobando la resolución 45/212, en la que se ponían
oficialmente en marcha negociaciones acerca de una convención
sobre el cambio climático, bajo la dirección del Comité
Intergubernamental de Negociación (CIN).
La Convención despega
El CIN se reunió en febrero de 1991 y sus representantes
gubernamentales adoptaron la (CMNUCC) tras sólo 15 meses de
negociaciones, el 9 de mayo de 1992. En la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (o Cumbre de
la Tierra), celebrada en Río de Janeiro en junio de 1992, la nueva
Convención se abrió a la firma. Ocho años más tarde, se habían
adherido a la Convención 188 Estados y la Comunidad Europea.
Esta adhesión prácticamente mundial hace de la Convención uno
de los acuerdos ambientales internacionales que goza de apoyo
más universal.
Desde que entró en vigor, las Partes en la Convención —los países
que han ratificado o aceptado el tratado o se han adherido a él—
se han reunido anualmente en la Conferencia de las Partes. El
objetivo es impulsar y supervisar la aplicación y continuar las
conversaciones sobre la forma más indicada de abordar el cambio
climático. Las sucesivas decisiones adoptadas por la Conferencia
de las Partes en sus respectivos períodos de sesiones constituyen
ahora un conjunto detallado de normas para la aplicación
práctica y eficaz de la Convención.
No obstante, ya desde que aprobaron la Convención, los
gobiernos sabían que sus disposiciones no serían suficientes para
resolver el problema del cambio climático. En la primera
Conferencia de las Partes, celebrada en Berlín a comienzos de
1995, se puso en marcha una nueva ronda de conversaciones para
los países industrializados, decisión conocida con el nombre de
Mandato de Berlín.
Nacimiento del Protocolo de Kyoto
Después de dos años y medio de intensas negociaciones, en la
tercera Conferencia de las Partes celebrada en Kyoto (Japón) en
diciembre de 1997 se aprobó una considerable ampliación de la
Convención, en la que se esbozaban compromisos jurídicamente
vinculantes. Era el Protocolo de Kyoto. En él se recogían las
normas básicas, pero no se especificaban con detalle cómo
deberían aplicarse. Se preveía un proceso independiente y oficial
de firma y ratificación por los gobiernos nacionales antes de que
pudiera entrar en vigor.
Una ronda de negociaciones iniciada en Buenos Aires en la cuarta
Conferencia de las Partes en noviembre de 1998 permitió ver
claramente cómo funcionaría en la práctica el Protocolo. Dicha
ronda, basada en un ambicioso programa de trabajo (el Plan de
acción de Buenos Aires), vinculaba las negociaciones sobre las
normas del Protocolo con conversaciones sobre cuestiones
relativas a la aplicación —como el financiamiento y la
transferencia de tecnología— en el marco conjunto de la
Convención. El plazo para las negociaciones en virtud del Plan de
acción de Buenos Aires sería la sexta Conferencia de las Partes
que se celebraría en La Haya (Países Bajos) a finales de 2000.
No obstante, cuando llegó ese momento, la complejidad de las
cuestiones políticas en juego provocó un punto muerto en las
negociaciones. Éstas continuaron cuando se reanudó la sexta
Conferencia de las Partes en Bonn (Alemania), en julio de 2001.
En tal ocasión, los gobiernos alcanzaron un acuerdo político —los
Acuerdos de Bonn—, en que se eludían los aspectos polémicos del
Plan de acción de Buenos Aires. Mientras tanto, un tercer informe
del IPCC había creado un clima más propicio para las
negociaciones ofreciendo las pruebas más convincentes
acumuladas hasta la fecha sobre el calentamiento mundial.
En la séptima Conferencia de las Partes, celebrada pocos meses
más tarde en Marrakech (Marruecos), los negociadores
continuaron los Acuerdos de Bonn adoptando un amplio conjunto
de decisiones —conocido con el nombre de Acuerdos de
Marrakech— que incluían normas más detalladas sobre el
Protocolo de Kyoto. Éstas contenían también avances importantes
en la aplicación de la Convención y sus normas, lo que
representaba la conclusión de un importante ciclo de
negociaciones.
De cara al futuro
En la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en
Johannesburgo (Sudáfrica) en agosto y septiembre de 2002, la
Secretaria Ejecutiva de la CMCC observaba lo siguiente: "En el
primer decenio de la Convención, el elemento fundamental de las
negociaciones mundiales era llegar a un acuerdo sobre las normas
relativas a la aplicación. Nuestro desafío ahora es aplicar esas
normas y situar el cambio climático en el centro de las políticas
nacionales y de las iniciativas de las empresas y de la sociedad
civil".
La Convención
Marco para la Convención
En la Convención se formula un marco general para las iniciativas
intergubernamentales encaminadas a abordar el cambio
climático. Se establecen un objetivo y varios principios y se
especifican los compromisos para los diferentes grupos de países
de acuerdo con sus circunstancias y necesidades. Se prevé
también un conjunto de instituciones para permitir a los
gobiernos supervisar los esfuerzos encaminados a aplicar la
Convención y compartir opiniones sobre la forma más indicada de
conseguir los objetivos de la misma.
Compromisos
La Convención divide a los países en tres grupos principales, de
acuerdo con sus diferentes compromisos:
Las Partes incluidas en el anexo I son los países industrializados
que eran miembros de la Organización de Cooperación y
Desarrollo Económicos (OCDE) en 1992, más las Partes en proceso
de transición a una economía de mercado, en particular, la
Federación de Rusia, los Estados Bálticos y varios Estados de
Europa central y oriental. En el recuadro de la derecha pueden
verse los países actualmente incluidos en el Anexo I.
Una obligación que afecta únicamente a las Partes anexo I es la
de adoptar políticas y medidas relativas al cambio climático con
el fin de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a
los niveles de 1990 no más tarde del año 2000. Esta disposición
les obliga a dar ejemplo de firmeza para hacer frente a los
problemas de cambio climático.
La Convención otorga "cierto grado de flexibilidad" a las Partes en
proceso de transición a una economía de mercado, en
consideración de las recientes perturbaciones económicas y
políticas de dichos países. Varias de esas Partes han hecho uso de
esa flexibilidad y han seleccionado un año de referencia distinto
de 1990 para sus compromisos específicos.
Las Partes anexo II son los países miembros de la OCDE incluidos
en el anexo I, pero no los países en proceso de transición a una
economía de mercado. Deben ofrecer recursos financieros para
permitir a los países en desarrollo emprender actividades de
reducción de las emisiones de conformidad con lo dispuesto en la
Convención y ayudarles a adaptarse a los efectos negativos del
cambio climático. Además, "tomarán todas las medidas posibles"
para promover el desarrollo y la transferencia de tecnologías
ambientalmente sanas a las Partes que son países en desarrollo y
con economías en transición. El financiamiento ofrecido por la
Partes anexo II se encauza fundamentalmente a través del
mecanismo financiero de la Convención.
Objetivo y principios
El objetivo último de la Convención es:
"...lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto
invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias
antropógenas peligrosas en el sistema climático..."
En la definición de "peligroso" se incluyen consideraciones sociales y
económicas, así como científicas. No obstante, en la Convención se
afirma que el nivel de concentración propuesto debería lograrse en un
plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten
naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de
alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico
prosiga de manera sostenible. Los principios de la Convención tienen las
siguientes bases:
• Equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus
respectivas capacidades, habida cuenta de que, aunque el clima es
una cuestión de alcance mundial y debe abordarse como tal, los
países industrializados han contribuido históricamente más al
problema y tienen más recursos para resolverlo. Por su parte, los
países en desarrollo son más vulnerables a los efectos negativos, y
probablemente su capacidad de respuesta es menor.
• Planteamiento basado en la precaución, es decir, reconocimiento de
que, aunque hay muchas incertidumbres acerca del cambio climático,
si se espera a tener certezas antes de adoptar iniciativas, o medidas
precautorias, se corre el riesgo de llegar demasiado tarde para evitar
los efectos más graves. En la Convención se observa que "cuando
haya amenaza de daño grave o irreversible, no debería utilizarse la
falta de total certidumbre científica como razón para posponer tales
medidas".
• Reconocimiento de que el desarrollo y el cambio climático están
mutuamente relacionados y que de las pautas de consumo de
energía, de aprovechamiento de la tierra y de crecimiento
demográfico son los principales factores del uno y del otro. En la
Convención se considera que el crecimiento económico y el
desarrollo sostenibles son ingredientes fundamentales de las políticas
eficaces para abordar el cambio climático. Se pide también que las
políticas y medidas para hacer frente al cambio climático sean
eficaces en función de los costos a fin de asegurar beneficios
mundiales al menor costo posible.
La Convención y el Protocolo
Actividades ejecutadas conjuntamente
La Convención permite a las Partes anexo I aplicar políticas y
medidas conjuntamente con otras Partes para ayudar a cumplir
sus objetivos en materia de emisiones. En la primera Conferencia
de las Partes se puso en marcha una fase experimental de"actividades ejecutadas conjuntamente". En ese marco, las Partes
anexo I pueden ejecutar proyectos que reduzcan las emisiones
(por ejemplo, de conservación de la energía) o aumenten la
absorción de gases de efecto invernadero por los sumideros de
carbono (por ejemplo, proyectos de reforestación) en otras Partes.
No obstante, no se reconocen créditos a la absorción o reducción
de emisiones resultantes (a diferencia de lo que ocurre en el
Protocolo de Kyoto; véase la página 16).
Esta fase experimental tiene como finalidad contribuir a
desarrollar los conocimientos técnicos gracias a la experiencia.
Aunque la fase experimental estuvo asociada con objetivos
correspondientes al año 2000, en la quinta CP se decidió
prolongarla más allá de esa fecha para continuar el proceso de
aprendizaje. Se consideró que era especialmente importante para
regiones como África donde la experiencia con este tipo de
actividades había sido hasta entonces limitada.
La secretaría compila informes resumidos de los proyectos acerca
de los cuales recibe información, que deben haber sido ratificados
tanto por el país anfitrión como por el país inversionista. En sus
informes sobre estos proyectos, las Partes deben utilizar un
formato uniforme de presentación de informes, para facilitar la
comparación de las informaciones. La Conferencia de las Partes
examina periódicamente los progresos realizados, tomando como
base los informes resumidos.
Para junio de 2001, se habían notificado a la secretaría más de
150 proyectos de actividades ejecutadas conjuntamente, en los
que habían intervenido cerca del 25 por ciento de las Partes en la
Convención, bien como inversionistas o bien como anfitriones.
Aproximadamente el 70 por ciento de las Partes de acogida son
Partes no anexo I, pero las Partes con economías en transición
reciben todavía la mayor parte de los proyectos de actividades
ejecutadas conjuntamente. De todas formas, la proporción se esta
desplazando gradualmente hacia los países en desarrollo. La
mayor parte de los proyectos están relacionados con la energía
renovable y el uso eficiente de la energía, pero los más
importantes consisten en actividades de conservación,
reforestación o restauración forestal.
El Protocolo
Los procesos estipulados en la Convención han evolucionado
rápidamente desde su adopción en 1992. En las páginas
precedentes se han descrito los progresos conseguidos en la
aplicación de sus disposiciones. Esos avances han hecho posible,
en muchos sentidos, una respuesta más firme de la comunidad
mundial frente al cambio climático. La Convención continúa
sirviendo como guía principal de las intervenciones
gubernamentales para combatir el cambio climático. Sigue siendo
también la base de actividades fundamentales relacionadas con la
presentación de informes, las finanzas, la transferencia de
tecnología y otras cuestiones trascendentales que constituyen la
médula espinal del proceso de cambio climático.
Un avance paralelo ha sido la adopción, en 1997, y el ulterior
desarrollo del Protocolo de Kyoto, con sus objetivos de emisiones
jurídicamente vinculantes para los países industrializados. La
adopción en 2001 de los Acuerdos de Marrakech aclaró
detalladamente las normas del Protocolo.
Antes de que el Protocolo pueda entrar en vigor, deben ratificarlo
(o aprobarlo o aceptarlo o adherirse a él) al menos 55 Partes en la
Convención, entre ellas un número de Partes anexo I que
represente al menos el 55 por ciento de las emisiones de dióxido
de carbono de dicho grupo en 1990 (véase el recuadro de la
página 15). Con ello se evita que una sola Parte incluida en el
anexo I pueda bloquear la entrada en vigor del Protocolo. Las
primeras Partes lo ratificaron en 1998 y su entrada en vigor
podría ocurrir en cualquier momento.
Marco para la Acción
El Protocolo de Kyoto complementa y refuerza la Convención.
Sólo las Partes en la Convención pueden ser Partes en el
Protocolo. Este tiene como base los mismos principios que la
Convención y comparte su objetivo último, así como la forma en
que los países se agrupan en Partes anexo I, anexo II y no anexo I.
Tiene también en común las mismas instituciones de la
Convención, incluidos los órganos subsidiarios y la secretaría. La
Conferencia de las Partes servirá como "reunión de las Partes" en
el Protocolo.
El IPCC prestará apoyo al Protocolo en las cuestiones científicas,
técnicas y metodológicas.
Compromisos y Normas Generales
Las normas del Protocolo se centran en los siguientes aspectos:
• Compromisos, con inclusión de objetivos sobre emisiones
jurídicamente vinculantes y compromisos generales
• Ejecución, incluidas las medidas nacionales y tres nuevos
mecanismos de ejecución
• Reducción al mínimo del impacto en los países en desarrollo,
incluida la utilización del Fondo de Adaptación
• Contabilidad, información y examen, incluido el examen en
profundidad de los informes nacionales
• Cumplimiento, incluido un Comité de Cumplimiento para
evaluar y ocuparse de los casos problemáticos.
Estos cinco elementos se describen con mayor detalle en las
páginas siguientes, en las que se especifica también la forma en
que deben funcionar, tal como se indica en los Acuerdos de
Marrakech y en posteriores decisiones de la Conferencia de las
Partes.
Además de los objetivos sobre emisiones establecidos para las
Partes incluidas en el anexo I, el Protocolo de Kyoto contiene un
conjunto de compromisos generales (que corresponden a los de la
Convención) que se aplican a todas las Partes y entre los que se
encuentran los siguientes:
• Adoptar medidas para mejorar la calidad de los datos sobre
emisiones
• Organizar programas nacionales de mitigación y adaptación
• Promover la transferencia de tecnologías ambientalmente
sanas
• Cooperar en la investigación científica y en la redes
internacionales de observación del clima
• Respaldar las iniciativas de educación, formación,
sensibilización pública y fomento de la capacidad.
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COP 11 and COP/MOP1
Kyoto, 16 de febrero de 2005. – Canadá acogerá en Montreal la primera Reunión de las
Partes en el Protocolo de Kyoto conjuntamente con la undécima reunión de la Conferencia de las
Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático CMNUCC). La
Mesa de la Convención aceptó el ofrecimiento realizado hoy por el Gobierno de Canadá en una
reunión celebrada en Kyoto (Japón). La Conferencia tendrá lugar entre el 28 de noviembre y el 9
de diciembre de 2005 en el Palais des Congrès de Montreal. mas..
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