Informacion sobre
Cambio Climático

Introducción
El efecto invernadero
Antecedentes
Nacimiento del Protocolo de Kyoto
La Convención
Marco para la acción
Compromisos
Protocolo de Kyoto
La Convención y el Protocolo
Documentación
Cuidar el Clima
La Convención de Cambio Climatico y el Protocolo de Kyoto

:: Calendario ::

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16 de septiembre 2004
Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono
Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático - COP 10
Buenos Aires, 6 al 17 de diciembre de 2004
Diez años después de la entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, delegados de 188 países evaluarán este mes en Argentina el cumplimiento de los compromisos asumidos para reducir la emisión de gases invernadero, y discutirán proyectos de adaptación al recalentamiento del planeta.
:: Articulos Destacados ::
El Protocolo de Kyoto y la revolución industrial
Por Klaus Töepfer, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
Cuando los historiadores revean el proceso de transformación industrial de principios del siglo XXI, la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto se presentará como un momento definitorio. Los escépticos argumentan que el Protocolo impone caros e innecesarios compromisos y que impedirá el progreso económico. Nada podría estar más alejado de la realidad. De hecho, el Protocolo reforzará las tendencias económicas e industriales existentes.

Si se nos pidiera describir el mundo a mediados del siglo XXI, ¿quién imaginaría fábricas despidiendo agentes contaminantes? ¿Quién supondría la imagen de un auto que usara una excesiva cantidad de combustible? ¿Quién describiría economías basadas en la sobreexplotación de recursos naturales no renovables?

El escenario más probable es un mundo donde la competencia y el progreso tecnológico hayan mejorado de manera espectacular la eficiencia industrial y promovido la producción más limpia y la reducción al mínimo de los desperdicios. El Protocolo acelerará la llegada de esta economía mundial por medio del envío de una señal temprana a los productores y a los consumidores, haciéndoles saber que el freno a las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero será recompensado financieramente.

El Protocolo no irá contra la corriente, sino que abrirá una puerta. Pero ante todo, los formuladores de políticas de hoy deben honestamente confrontar el conflicto entre el corto plazo, las preocupaciones defensivas de ciertos sectores económicos y los más amplios intereses económicos y medioambientales de la sociedad en su conjunto.

Es cierto, habrá perdedores en el mercado, en la misma medida en que habrá ganadores. Pero, para la humanidad en su conjunto, beneficios económicos y tecnológicos enormes estarán a nuestro alcance. Este panorama optimista se apoya en la vasta bibliografía sobre tecnología y economía evaluada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el que es patrocinado en forma conjunta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Investigadores de primera línea confirman que las políticas gubernamentales bien diseñadas, orientadas hacia el mercado, pueden reducir las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos. Estos beneficios incluyen sistemas energéticos más efectivos con respecto a sus costos, mayor innovación tecnológica, menores gastos en subsidios inapropiados y mercados más eficientes. El corte de las emisiones disminuirá también los daños generados por estos costosos problemas, como los efectos de la contaminación ambiental sobre la salud.

La participación constructiva de las empresas en el alcance de los objetivos fijados por el Protocolo de Kyoto para las emisiones será vital. Algunas de las primeras empresas en responder positivamente al desafío del cambio climático han sido las aseguradoras, que son vulnerables a los impactos provocados por el cambio climático, y los productores de energía limpia, quienes ven oportunidades claras en el mercado.

Pero virtualmente todos los sectores empresariales tienen su parte en la participación activa. Afortunadamente, muchas empresas han sido previsoras y están anticipando la necesidad de reducir emisiones, estableciendo sus propias metas de amplitud de las emisiones al invertir en productos, servicios y procesos productivos que no dañan el medio ambiente.

Mientras tanto, muchos gobiernos locales han adoptado sus propias políticas de cambio climático, a menudo con ambiciones aún mayores que las de sus gobiernos nacionales. Las autoridades locales de las ciudades tienen una importancia crítica, dado su papel en el manejo de las empresas de energía, transporte público y otras actividades productoras de emisiones en el sector público. Otros componentes de la sociedad civil, incluyendo las escuelas, grupos comunitarios, los medios de comunicación, las familias y los consumidores, también desempeñan un papel crucial.

Por medio de la persuasión moral, la educación, el cambio de hábitos y las compras e inversiones racionales, los individuos pueden crear una diferencia real. La actividad cotidiana de la gente, donde quiera que sea, emite gases que provocan el efecto invernadero en su vida cotidiana, y el efecto acumulativo de pequeños cambios en sus decisiones puede ser enorme.

El compromiso activo de vastos segmentos de la sociedad en la promoción de las metas del PK acelerará significativamente la transición hacia sociedades más eficientes energéticamente, tecnológicamente innovadoras y con un medio ambiente sostenible. Las economías industriales ya han enfrentado tales desafíos, desde el desorden financiero y la globalización de los mercados hasta las revoluciones tecnológicas y aun las secuelas de la guerra; cada vez, se adaptaron y prosperaron. No hay razón para que estas sociedades innovadoras y dinámicas no puedan enfrentar con valentía el desafío del cambio climático del mismo modo.
 
EL CAMBIO CLIMATICO GLOBAL

El cambio climático ha sido una realidad a lo largo de toda la historia de nuestro planeta, pero hasta ahora nunca había alcanzado un ritmo como el actual, ni había sido consecuencia de interferencias humanas. Estamos ante un problema muy complejo que, si no se aborda, puede repercutir negativamente en todas las esferas de la vida. No obstante, los intercambios entre el clima y las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el hombre no ocupan el primer plano de la atención mundial. No es de extrañar, ya que para abordar el tema del cambio climático hay que plantearse delicados problemas y conceptos científicos, políticos y económicos. Pero la manifestación de este fenómeno en episodios climáticos extremos, como las inundaciones y las sequías, ha creado la necesidad urgente de comprender y abordar el problema. El cambio climático y sus devastadores efectos necesitan, por lo tanto, atención constante y urgente, debidamente respaldada por una concepción amplia de lo que implican los mecanismos necesarios para ello, una firme voluntad política y los avances de la ciencia.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático entró en vigor en 1994. El Protocolo de Kyoto, en el que se establecen compromisos vinculantes más específicos, en 1997. La Convención goza de adhesión casi universal —clara prueba de la voluntad política demostrada por los gobiernos de todo el mundo de hacer frente al problema del cambio climático. La Convención se está aplicando mediante un proceso intergubernamental, en otras palabras, es una plataforma sobre la cual los países pueden aunar sus fuerzas para estabilizar el clima mundial. La entrada en vigor del Protocolo de Kyoto podría producirse en cualquier momento.
En los diez años transcurridos desde la entrada en vigor de la Convención se han mantenido negociaciones, en particular acerca del Protocolo de Kyoto, en distintos lugares de todo el mundo, desde Buenos Aires hasta Marrakech. El acervo de normas necesario para hacer realidad las disposiciones de la Convención y el Protocolo está ya prácticamente ultimado, y ahora la atención se centrará cada vez más en su aplicación, sin olvidar las necesidades futuras.
Con la presente guía se intenta ofrecer un panorama de la evolución de la Convención y el Protocolo en lenguaje sencillo. Se presenta también una visión general sobre los compromisos que han asumido los países.
Sólo con el apoyo de la comunidad mundial podemos traducir estos acuerdos en acciones concretas, de alcance internacional, nacional y local, con el fin de evitar y contrarrestar eficazmente los efectos resultantes de un clima mundial desestabilizado.

Joke Waller-Hunter
Secretaria Ejecutiva, CMNUCC
Bonn, abril de 2004.

Introducción

El clima mundial ha evolucionado siempre de forma natural. Los científicos creen, no obstante, que ahora estamos asistiendo a un nuevo tipo de cambio climático. Sus efectos en la población y en los ecosistemas van a ser drásticos. Los niveles de dióxido de carbono y de otros "gases de efecto invernadero" en la atmósfera han subido vertiginosamente desde la revolución industrial. Las concentraciones han aumentado sobre todo por la utilización de combustibles fósiles, la deforestación y otras actividades humanas, impulsadas por el crecimiento económico y demográfico. Los gases de efecto invernadero, como una manta que envolviera todo el planeta, impiden que la energía escape de la superficie y la atmósfera terrestres (véase la página de al lado). Si los niveles ascienden demasiado, un calentamiento excesivo puede trastornar las pautas naturales del clima.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) confirmó, en su tercer informe de evaluación, que "existen pruebas nuevas y más convincentes de que la mayor parte del calentamiento observado durante los últimos 50 años se puede atribuir a actividades humanas". Aunque las incertidumbres que rodean a la proyección de las tendencias futuras crean amplios márgenes de error en las estimaciones, el IPCC preveía un aumento de 1,4 a 5,8°C en las temperaturas superficiales medias de nuestro planeta durante los próximos 100 años. Los efectos del calentamiento, incluso en los extremos inferiores de esa banda, serán probablemente dramáticos (véase cuadro infra). Las repercusiones en los seres humanos serán inevitables y —en algunos lugares— extremas.
La población de algunas zonas puede verse beneficiada con el cambio climático. Pero son muchos más los casos en que se verá afectada negativamente. Los países en desarrollo sufrirán más que los otros, ya que su falta de recursos los hace especialmente vulnerables a la adversidad o a las emergencias de escala

Efecto Invernadero

Principales Gases de efecto invernadero
La Convención hace referencia a todos los gases de efecto invernadero no incluidos en el Protocolo de Montreal de 1987 de la Convención de las Naciones Unidas para la Protección de la Capa de Ozono. No obstante, en el Protocolo de Kyoto se hace hincapié en los seis siguientes:
• Dióxido de carbono (CO2)
• Metano (CH4)
• Óxido nitroso (N2O)
• Hidrofluorocarbonos (HFC)
• Perfluorocarbonos (PFC)
• Hexafluoruro de azufre (SF6)
Se estima que los tres primeros explican el 50, el 18 y el 6 por ciento, respectivamente, del efecto global de calentamiento mundial derivado de actividades humanas. Los HFC y PFC se utilizan como productos sustitutivos de las sustancias que agotan la capa de ozono, como los clorofluorocarbonos (CFC), que se están eliminando gradualmente en virtud del Protocolo de Montreal.

Antecedentes

Los Comienzos
Las primeras pruebas de injerencia humana en el clima se presentaron en 1979 en la primera onferencia Mundial sobre el Clima. Durante el decenio de 1980 la preocupación pública por las cuestiones ambientales fue en aumento, y los gobiernos tomaron cada vez más conciencia de los problemas del medio ambiente. En 1988, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 43/53, propuesta por el Gobierno de Malta, en la que se pedía "la protección del clima para las generaciones actuales y futuras de la humanidad".
Durante el mismo año, los órganos rectores de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) crearon un nuevo organismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), para orientar y evaluar la información científica sobre este tema. En 1990, el IPCC publicó su primer informe de evaluación, en el que se confirmaba que la amenaza del cambio climático era real. En la segunda Conferencia Mundial sobre el Clima celebrada en Ginebra más tarde ese mismo año se pidió la creación de un tratado mundial. La Asamblea General respondió aprobando la resolución 45/212, en la que se ponían oficialmente en marcha negociaciones acerca de una convención sobre el cambio climático, bajo la dirección del Comité Intergubernamental de Negociación (CIN).

La Convención despega
El CIN se reunió en febrero de 1991 y sus representantes gubernamentales adoptaron la (CMNUCC) tras sólo 15 meses de negociaciones, el 9 de mayo de 1992. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (o Cumbre de la Tierra), celebrada en Río de Janeiro en junio de 1992, la nueva Convención se abrió a la firma. Ocho años más tarde, se habían adherido a la Convención 188 Estados y la Comunidad Europea. Esta adhesión prácticamente mundial hace de la Convención uno de los acuerdos ambientales internacionales que goza de apoyo más universal.

Desde que entró en vigor, las Partes en la Convención —los países que han ratificado o aceptado el tratado o se han adherido a él— se han reunido anualmente en la Conferencia de las Partes. El objetivo es impulsar y supervisar la aplicación y continuar las conversaciones sobre la forma más indicada de abordar el cambio climático. Las sucesivas decisiones adoptadas por la Conferencia de las Partes en sus respectivos períodos de sesiones constituyen ahora un conjunto detallado de normas para la aplicación práctica y eficaz de la Convención.

No obstante, ya desde que aprobaron la Convención, los gobiernos sabían que sus disposiciones no serían suficientes para resolver el problema del cambio climático. En la primera Conferencia de las Partes, celebrada en Berlín a comienzos de 1995, se puso en marcha una nueva ronda de conversaciones para los países industrializados, decisión conocida con el nombre de Mandato de Berlín.

Nacimiento del Protocolo de Kyoto

Después de dos años y medio de intensas negociaciones, en la tercera Conferencia de las Partes celebrada en Kyoto (Japón) en diciembre de 1997 se aprobó una considerable ampliación de la Convención, en la que se esbozaban compromisos jurídicamente vinculantes. Era el Protocolo de Kyoto. En él se recogían las normas básicas, pero no se especificaban con detalle cómo deberían aplicarse. Se preveía un proceso independiente y oficial de firma y ratificación por los gobiernos nacionales antes de que pudiera entrar en vigor.

Una ronda de negociaciones iniciada en Buenos Aires en la cuarta Conferencia de las Partes en noviembre de 1998 permitió ver claramente cómo funcionaría en la práctica el Protocolo. Dicha ronda, basada en un ambicioso programa de trabajo (el Plan de acción de Buenos Aires), vinculaba las negociaciones sobre las normas del Protocolo con conversaciones sobre cuestiones relativas a la aplicación —como el financiamiento y la transferencia de tecnología— en el marco conjunto de la Convención. El plazo para las negociaciones en virtud del Plan de acción de Buenos Aires sería la sexta Conferencia de las Partes que se celebraría en La Haya (Países Bajos) a finales de 2000.

No obstante, cuando llegó ese momento, la complejidad de las cuestiones políticas en juego provocó un punto muerto en las negociaciones. Éstas continuaron cuando se reanudó la sexta Conferencia de las Partes en Bonn (Alemania), en julio de 2001. En tal ocasión, los gobiernos alcanzaron un acuerdo político —los Acuerdos de Bonn—, en que se eludían los aspectos polémicos del Plan de acción de Buenos Aires. Mientras tanto, un tercer informe del IPCC había creado un clima más propicio para las negociaciones ofreciendo las pruebas más convincentes acumuladas hasta la fecha sobre el calentamiento mundial.

En la séptima Conferencia de las Partes, celebrada pocos meses más tarde en Marrakech (Marruecos), los negociadores continuaron los Acuerdos de Bonn adoptando un amplio conjunto de decisiones —conocido con el nombre de Acuerdos de Marrakech— que incluían normas más detalladas sobre el Protocolo de Kyoto. Éstas contenían también avances importantes en la aplicación de la Convención y sus normas, lo que representaba la conclusión de un importante ciclo de negociaciones.

De cara al futuro
En la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) en agosto y septiembre de 2002, la Secretaria Ejecutiva de la CMCC observaba lo siguiente: "En el primer decenio de la Convención, el elemento fundamental de las negociaciones mundiales era llegar a un acuerdo sobre las normas relativas a la aplicación. Nuestro desafío ahora es aplicar esas normas y situar el cambio climático en el centro de las políticas nacionales y de las iniciativas de las empresas y de la sociedad civil".

La Convención

Marco para la Convención
En la Convención se formula un marco general para las iniciativas intergubernamentales encaminadas a abordar el cambio climático. Se establecen un objetivo y varios principios y se especifican los compromisos para los diferentes grupos de países de acuerdo con sus circunstancias y necesidades. Se prevé también un conjunto de instituciones para permitir a los gobiernos supervisar los esfuerzos encaminados a aplicar la Convención y compartir opiniones sobre la forma más indicada de conseguir los objetivos de la misma.

Compromisos
La Convención divide a los países en tres grupos principales, de acuerdo con sus diferentes compromisos: Las Partes incluidas en el anexo I son los países industrializados que eran miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en 1992, más las Partes en proceso de transición a una economía de mercado, en particular, la Federación de Rusia, los Estados Bálticos y varios Estados de Europa central y oriental. En el recuadro de la derecha pueden verse los países actualmente incluidos en el Anexo I. Una obligación que afecta únicamente a las Partes anexo I es la de adoptar políticas y medidas relativas al cambio climático con el fin de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a los niveles de 1990 no más tarde del año 2000. Esta disposición les obliga a dar ejemplo de firmeza para hacer frente a los problemas de cambio climático.
La Convención otorga "cierto grado de flexibilidad" a las Partes en proceso de transición a una economía de mercado, en consideración de las recientes perturbaciones económicas y políticas de dichos países. Varias de esas Partes han hecho uso de esa flexibilidad y han seleccionado un año de referencia distinto de 1990 para sus compromisos específicos. Las Partes anexo II son los países miembros de la OCDE incluidos en el anexo I, pero no los países en proceso de transición a una economía de mercado. Deben ofrecer recursos financieros para permitir a los países en desarrollo emprender actividades de reducción de las emisiones de conformidad con lo dispuesto en la Convención y ayudarles a adaptarse a los efectos negativos del cambio climático. Además, "tomarán todas las medidas posibles" para promover el desarrollo y la transferencia de tecnologías ambientalmente sanas a las Partes que son países en desarrollo y con economías en transición. El financiamiento ofrecido por la Partes anexo II se encauza fundamentalmente a través del mecanismo financiero de la Convención.

Objetivo y principios
El objetivo último de la Convención es:
"...lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático..."
En la definición de "peligroso" se incluyen consideraciones sociales y económicas, así como científicas. No obstante, en la Convención se afirma que el nivel de concentración propuesto debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible. Los principios de la Convención tienen las siguientes bases:
• Equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus respectivas capacidades, habida cuenta de que, aunque el clima es una cuestión de alcance mundial y debe abordarse como tal, los
países industrializados han contribuido históricamente más al problema y tienen más recursos para resolverlo. Por su parte, los países en desarrollo son más vulnerables a los efectos negativos, y
probablemente su capacidad de respuesta es menor.
• Planteamiento basado en la precaución, es decir, reconocimiento de que, aunque hay muchas incertidumbres acerca del cambio climático, si se espera a tener certezas antes de adoptar iniciativas, o medidas precautorias, se corre el riesgo de llegar demasiado tarde para evitar los efectos más graves. En la Convención se observa que "cuando haya amenaza de daño grave o irreversible, no debería utilizarse la falta de total certidumbre científica como razón para posponer tales medidas".
• Reconocimiento de que el desarrollo y el cambio climático están mutuamente relacionados y que de las pautas de consumo de energía, de aprovechamiento de la tierra y de crecimiento demográfico son los principales factores del uno y del otro. En la Convención se considera que el crecimiento económico y el desarrollo sostenibles son ingredientes fundamentales de las políticas eficaces para abordar el cambio climático. Se pide también que las políticas y medidas para hacer frente al cambio climático sean eficaces en función de los costos a fin de asegurar beneficios mundiales al menor costo posible.
La Convención y el Protocolo

Actividades ejecutadas conjuntamente
La Convención permite a las Partes anexo I aplicar políticas y medidas conjuntamente con otras Partes para ayudar a cumplir sus objetivos en materia de emisiones. En la primera Conferencia de las Partes se puso en marcha una fase experimental de"actividades ejecutadas conjuntamente". En ese marco, las Partes anexo I pueden ejecutar proyectos que reduzcan las emisiones (por ejemplo, de conservación de la energía) o aumenten la absorción de gases de efecto invernadero por los sumideros de carbono (por ejemplo, proyectos de reforestación) en otras Partes. No obstante, no se reconocen créditos a la absorción o reducción de emisiones resultantes (a diferencia de lo que ocurre en el Protocolo de Kyoto; véase la página 16).

Esta fase experimental tiene como finalidad contribuir a desarrollar los conocimientos técnicos gracias a la experiencia. Aunque la fase experimental estuvo asociada con objetivos correspondientes al año 2000, en la quinta CP se decidió prolongarla más allá de esa fecha para continuar el proceso de aprendizaje. Se consideró que era especialmente importante para regiones como África donde la experiencia con este tipo de actividades había sido hasta entonces limitada.

La secretaría compila informes resumidos de los proyectos acerca de los cuales recibe información, que deben haber sido ratificados tanto por el país anfitrión como por el país inversionista. En sus informes sobre estos proyectos, las Partes deben utilizar un formato uniforme de presentación de informes, para facilitar la comparación de las informaciones. La Conferencia de las Partes examina periódicamente los progresos realizados, tomando como base los informes resumidos.

Para junio de 2001, se habían notificado a la secretaría más de 150 proyectos de actividades ejecutadas conjuntamente, en los que habían intervenido cerca del 25 por ciento de las Partes en la Convención, bien como inversionistas o bien como anfitriones. Aproximadamente el 70 por ciento de las Partes de acogida son Partes no anexo I, pero las Partes con economías en transición reciben todavía la mayor parte de los proyectos de actividades ejecutadas conjuntamente. De todas formas, la proporción se esta
desplazando gradualmente hacia los países en desarrollo. La mayor parte de los proyectos están relacionados con la energía renovable y el uso eficiente de la energía, pero los más importantes consisten en actividades de conservación, reforestación o restauración forestal.

El Protocolo
Los procesos estipulados en la Convención han evolucionado rápidamente desde su adopción en 1992. En las páginas precedentes se han descrito los progresos conseguidos en la aplicación de sus disposiciones. Esos avances han hecho posible, en muchos sentidos, una respuesta más firme de la comunidad mundial frente al cambio climático. La Convención continúa sirviendo como guía principal de las intervenciones gubernamentales para combatir el cambio climático. Sigue siendo también la base de actividades fundamentales relacionadas con la presentación de informes, las finanzas, la transferencia de tecnología y otras cuestiones trascendentales que constituyen la médula espinal del proceso de cambio climático.

Un avance paralelo ha sido la adopción, en 1997, y el ulterior desarrollo del Protocolo de Kyoto, con sus objetivos de emisiones jurídicamente vinculantes para los países industrializados. La adopción en 2001 de los Acuerdos de Marrakech aclaró detalladamente las normas del Protocolo.

Antes de que el Protocolo pueda entrar en vigor, deben ratificarlo (o aprobarlo o aceptarlo o adherirse a él) al menos 55 Partes en la Convención, entre ellas un número de Partes anexo I que represente al menos el 55 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono de dicho grupo en 1990 (véase el recuadro de la página 15). Con ello se evita que una sola Parte incluida en el anexo I pueda bloquear la entrada en vigor del Protocolo. Las primeras Partes lo ratificaron en 1998 y su entrada en vigor podría ocurrir en cualquier momento.

Marco para la Acción
El Protocolo de Kyoto complementa y refuerza la Convención. Sólo las Partes en la Convención pueden ser Partes en el Protocolo. Este tiene como base los mismos principios que la Convención y comparte su objetivo último, así como la forma en que los países se agrupan en Partes anexo I, anexo II y no anexo I. Tiene también en común las mismas instituciones de la Convención, incluidos los órganos subsidiarios y la secretaría. La Conferencia de las Partes servirá como "reunión de las Partes" en el Protocolo.
El IPCC prestará apoyo al Protocolo en las cuestiones científicas, técnicas y metodológicas.

Compromisos y Normas Generales
Las normas del Protocolo se centran en los siguientes aspectos:

• Compromisos, con inclusión de objetivos sobre emisiones jurídicamente vinculantes y compromisos generales
• Ejecución, incluidas las medidas nacionales y tres nuevos mecanismos de ejecución
• Reducción al mínimo del impacto en los países en desarrollo, incluida la utilización del Fondo de Adaptación
• Contabilidad, información y examen, incluido el examen en profundidad de los informes nacionales
• Cumplimiento, incluido un Comité de Cumplimiento para evaluar y ocuparse de los casos problemáticos.

Estos cinco elementos se describen con mayor detalle en las páginas siguientes, en las que se especifica también la forma en que deben funcionar, tal como se indica en los Acuerdos de Marrakech y en posteriores decisiones de la Conferencia de las Partes. Además de los objetivos sobre emisiones establecidos para las Partes incluidas en el anexo I, el Protocolo de Kyoto contiene un conjunto de compromisos generales (que corresponden a los de la Convención) que se aplican a todas las Partes y entre los que se encuentran los siguientes:

• Adoptar medidas para mejorar la calidad de los datos sobre emisiones
• Organizar programas nacionales de mitigación y adaptación
• Promover la transferencia de tecnologías ambientalmente sanas
• Cooperar en la investigación científica y en la redes internacionales de observación del clima
• Respaldar las iniciativas de educación, formación, sensibilización pública y fomento de la capacidad.


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COP 11 and COP/MOP1

Kyoto, 16 de febrero de 2005. – Canadá acogerá en Montreal la primera Reunión de las Partes en el Protocolo de Kyoto conjuntamente con la undécima reunión de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático CMNUCC). La Mesa de la Convención aceptó el ofrecimiento realizado hoy por el Gobierno de Canadá en una
reunión celebrada en Kyoto (Japón). La Conferencia tendrá lugar entre el 28 de noviembre y el 9
de diciembre de 2005 en el Palais des Congrès de Montreal. mas..

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